La responsabilidad va primero

Hay quienes, cuando han hecho mal o dañado algo,
piensan que por el solo hecho de pedir perdón todo está resuelto.
Necesitamos practicar y enseñar que somos responsables delante de Dios
para vivir correctamente, en obediencia a la Palabra ...
-Señor,
usted rompió el faro-, le dije al conductor del auto que
estaba adelante quién por «echarse para
atrás» sin cuidado rompió una de la luces
delanteras de mi automovil.
Entonces, en tono vago, me dijo:
-Le doy el teléfono de mi
compañía de seguros. Vaya y hable con ellos,
¿Acaso piensa que yo le voy a pagar algo?-.
Y así se lavó las manos tirándo su responsabilidad
al «tarro de la basura»
La compañía de seguros proveyó un escapismo mental
para él pero, en la práctica, no resuelvía el
problema de mi luz delantera quebrada. Ahora me encontraba con una luz
menos, a riesgo de que un agente de policía me llamara la
atención, con la necesidad de gastar de mi dinero para arreglar
la rotura o gastar de mi tiempo para ir a la compañía de
seguros de este señor y previamente pasar por la estación
policial a hacer la denuncia, sin la cual el seguro no funciona. Y todo
porque en la esquina del semáforo, mientras esperábamos
la luz verde, un señor no quiso mantener frenado su
vehículo.
Sólo unos días antes había estado pensando
escribir una carta al diario que leo todos los días,
refiriéndome a la irresponsabilidad y la injusticia que devienen
por un concepto incorrecto de responsabilidad.
La responsabilidad. ¡Qué virtud! ¡Qué
bendición encontramos con hombres responsables, que cumplen su
palabra, y que uno no tiene que andar corriendo detrás de ellos!
A la misma vez, ¡cuánto dolor y dificultades son causados
por la irresponsabilidad!
La responsabilidad es una moneda de dos caras: el cumplir correcta y
debidamente y el asumir la responsabilidad por mis pensamientos y
actos, así como también las consecuencias. La
mayoría tiene problemas en las dos áreas: prometen y no
cumplen, y cuando se equivocan no quieren pagar o arreglar las
consecuencias.